domingo, 23 de diciembre de 2012

Galdós y los animales

Me ha llamado la atención que Galdós aparezca tantas veces en las fotos junto a un animal. Uno de los perros (que no sé por qué pienso que es perra) le acompañó muchos años porque aparece en varias. 
Todas me gustan pero me encanta esa en la que aparece muy circunspecto con el gato sobre las piernas y esa otra en la que parece que se refugia contra una esquina y le pasa la mano al perro afectuosamente.
Sí, parece que le gustaban los animales.

(no he leído una sola obra de Galdós, mi amigo E. siempre me lo reprocha.)


miércoles, 19 de diciembre de 2012

el cielo esta gris y hay niebla,
conduzco con las luces encendidas.
un pájaro pequeño sale de mi izquierda e intenta esquivarme.
me agacho instintivamente y oigo como se estrella contra el parabrisas.
por el retrovisor veo como traza una curva en el aire
y como cae sobre la calzada.
llevo un coche detrás, muy pegado,
no puedo pararme.

me duelen esas muertes pequeñas.

martes, 18 de diciembre de 2012

(recibo un libro por correo recién salido del horno)

ya he pasado por esto

ya tuve un deseo irreprimible
por ser otras personas
por tener otra edad y otro domicilio

nunca llegaré a entender por qué
sólo una vida
y por qué precisamente ésta

siempre tan lejos

brazos, piernas, cielo, Isabel Bono

gracias, bk.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

INJUSTICIA

Ante su ventana del Palais Royal, Colette, contemplando
cómo palomas y gorriones jugueteaban al sol, dijo:
 - En mi opinión, la mayor injusticia de la creación
es el hecho de que sólo algunos tengan alas.


La parcelación del cielo, Blaise Cendrars.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Tía en dificultades



¿Por qué tendremos una tía tan temerosa de caerse de espaldas? Hace años que la familia lucha para curarla de su obsesión, pero ha llegado la hora de confesar nuestro fracaso. Por más que hagamos, tía tiene miedo de caerse de espaldas; y su inocente manía nos afecta a todos, empezando por mi padre, que fraternalmente la acompaña a cualquier parte y va mirando el piso para que tía pueda caminar sin preocupaciones, mientras mi madre se esmera en barrer el patio varias veces al día, mis hermanas recogen las pelotas de tenis con que se divierten inocentemente en la terraza y mis primos borran toda huella imputable a los perros, gatos, tortugas y gallinas que proliferan en casa. Pero no sirve de nada, tía sólo se resuelve a cruzar las habitaciones después de un largo titubeo, interminables observaciones oculares y palabras destempladas a todo chico que ande por ahí en ese momento. Después se pone en marcha, apoyando primero un pie y moviéndolo como un boxeador en el cajón de resina, después el otro, trasladando el cuerpo en un desplazamiento que en nuestra infancia nos parecía majestuoso, y tardando varios minutos para ir de una puerta a otra. Es algo horrible.

Varias veces la familia ha procurado que mi tía explicara con alguna coherencia su temor a caerse de espaldas. En una ocasión fue recibida con un silencio que se hubiera podido cortar con guadaña; pero una noche, después de un vasito de hesperidina, tía condescendió a insinuar que si se caía de espaldas no podría volver a levantarse. A la elemental observación de que treinta y dos miembros de la familia estaban dispuestos a acudir en su auxilio, respondió con una mirada lánguida y dos palabras: «Lo mismo». Días después mi hermano el mayor me llamó por la noche a la cocina y me mostró una cucaracha caída de espaldas debajo de la pileta. Sin decirnos nada asistimos a su vana y larga lucha por enderezarse, mientras otras cucarachas, venciendo la intimidación de la luz, circulaban por el piso y pasaban rozando a la que yacía en posición decúbito dorsal. Nos fuimos a la cama con una marcada melancolía, y por una razón u otra nadie volvió a interrogar a tía; nos limitamos a aliviar en lo posible su miedo, acompañarla a todas partes, darle el brazo y comprarle cantidad de zapatos con suelas antideslizantes y otros dispositivos estabilizadores. La vida siguió así, y no era peor que otras vidas.

Historias de cronopios y famas, Julio Cortazar.

barcos por las ventanas

hay días en los que el río se ve azul.
los barcos que van y vienen
hacen sonar bocinas como quejas
de fumadores. yo me asomo siempre.
qué creo que voy a ver.
veo un triángulo de río entre dos edificios.
si tengo suerte, si fui veloz, llego
a ver el barco. a veces me parece que es
siempre el mismo. si va al puerto,
debo moverme de ventana. si va al puente,
lo pierdo. no sé qué creo
que voy a ver. no sé qué espero
cuando me pongo de pie y persigo
con los ojos los barcos por las ventanas.

sacado de aquí (fascinante descubrimiento).

martes, 20 de noviembre de 2012

no hemos aprendido nada del barro


imagina tus manos vacías
saber que todo lo que tienes cabe en un puño

imagina dejar de pensar en huir
mirar a tu alrededor y ver sólo ventanas

imagina no ser invisible a los ojos de los árboles
una lluvia muy fina
todo ese silencio
toda tu tristeza intacta

y los insectos mojados no hacen ruido
y la fotosíntesis no hace ruido
piensas

imagina un bosque
a veces desaparecer no depende de nosotros
a veces nos desaparece la oscuridad

imagina ramas rotas

bkbono