viernes, 3 de junio de 2016

La camioneta blanca es espaciosa y fiable, y le tengo mucho
cariño. Forma parte de mi vida. Una noche me quedé frita
leyendo un libro sobre la naturaleza del alma. Soñé con mi propia
alma, y descubrí que era una camioneta blanca, alegre, impaciente;
una camioneta que aceleraba a toda prisa -casi demasiado rápido-,
de forma imponente, flotando ligerísima sobre la carretera, sin
ceñirse a la ruta. Me parecería fabuloso tener un alma así.

Un año en los bosques, Sue Hubbell.

miércoles, 1 de junio de 2016

Como muchos de mis vecinos, soy pobre. Vivo con unos ingresos
que están muy por debajo del umbral de la pobreza
-aunque no parezca pobreza cuando el ciclamor
y el cornejo florecen a la vez-, y cuando viajo tengo que
llevar cuidado con los gastos. Pocas veces como en restaurantes,
y siempre duermo en la camioneta: estaciono en un área de
servicio, desenrollo mi saco de dormir en el asiento delantero
y ahí me quedo, más calentita y cómoda imposible. Por la
mañana me lavo los dientes en el baño del área de servicio y me
tomo el café matutino en el restaurante. Cuando viajo, la gente
apenas me dirige la palabra o se percata de mí. Soy imperceptible
en mi anonimato. {...} Es una gozada, pues puedo quedarme
sentada en una mesa del área de servicio, beberme mi café y ver
sin ser vista.

Un año en los bosques, Sue Hubbell.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Pimientos

Hoy en el mercado, mientras compraba unos pimientos,
me he acordado del irónico y certero micro-poema de Ajo:

Te adoraré siempre, 
me importas un pimiento,
y si ahora no riman,
ya rimarán con el tiempo.


viernes, 8 de abril de 2016

No sé

Todas las casas con las que sueño son lejanas,
lejana es la voz de mi madre
llamándome a cenar, mientras yo corro a los trigales.

Estamos lejos como una pelota que ha fallado el tiro
y se va hacia el cielo, vivimos
como termómetros que se necesitan sólo cuando
los vamos a mirar.

La realidad lejana me examina a diario
como un pasajero desconocido que me despierta en medio del camino
preguntando: ¿Es ese el autobús?
y yo le digo: Sí, pero quiero decir: No sé.
No sé dónde están las ciudades de tus abuelos
que pretenden negar todos los males conocidos
tanto como los remedios a base de paciencia.

Sueño con una casa en la colina de nuestros deseos,
para ver cómo las olas del mar van dibujando
el cardiograma de nuestras caídas y amores,
cómo la gente cree para no hundirse
y cómo camina para no ser olvidada.

Lejanas son todas las cabañas en las que nos escondimos de la lluvia
y del dolor de las ciervas muriéndose ante cazadores
mucho más solitarios que hambrientos.
El instante lejano me pregunta a diario:
¿Es esa la ventana? ¿Es esa la vida? y yo le digo:
Sí, pero en realidad: No sé; no sé cuándo
van a hablar los pájaros sin pronunciar un cielo.

Nikola Mazdirov, Lo que dijimos nos persigue.
Traducción de Yolanda Castaño y Marija Petrovska.

miércoles, 30 de marzo de 2016

casa

nadie se va de casa salvo
que la casa sea la boca de un tiburón
solo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad corriendo también

tus vecinos corriendo más rápido que tú
aliento ensangrentado en sus gargantas
el niño con el que fuiste a la escuela
que te besó aturdido detrás de la vieja fábrica de hojalata
lleva una pistola más grande que su cuerpo
solo te vas de casa
cuando la casa no te deja quedarte.

nadie se va de casa salvo que la casa te persiga
fuego bajo los pies
sangre caliente en tu vientre
es algo que nunca pensaste que harías
hasta que la cuchilla quemó amenazas en
tu cuello

e incluso entonces llevaste el himno
entre dientes
solo rompiste el pasaporte en el baño de un aeropuerto
sollozando mientras cada bocado de papel
dejaba claro que no ibas a volver.

tienes que entender,
que nadie mete a sus hijos en un barco
salvo que el agua sea más segura que la tierra
nadie se quema las manos
bajo trenes
debajo de vagones
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos salvo que las millas recorridas
signifiquen algo más que viaje.

nadie se arrastra debajo de vallas
nadie quiere que le peguen
que sientan lástima de él
nadie elige campos de refugiados
o registros sin ropa donde te dejan
el cuerpo dolorido
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad de fuego
y un guardia de la prisión
en la noche
es mejor que un camión lleno
de hombres que se parecen a tu padre

nadie podría soportarlo
nadie podría aguantarlo
ninguna piel sería lo bastante dura

los
volveos a casa negros
refugiados
sucios inmigrantes
solicitantes de asilo
exprimiendo nuestro país
negratas con las manos tendidas
huelen raro
salvaje
destrozaron su país y ahora quieren
destrozar el nuestro

cómo es que las palabras
las miradas sucias
caen rodando de vuestras espaldas
quizá porque el golpe es más blando
que un miembro arrancado
o las palabras son más tiernas
que catorce hombres entre
tus piernas
o los insultos son más fáciles
de tragar
que escombros
que huesos
que tu cuerpo infantil
en pedazos.

quiero ir a casa,
pero la casa es la boca de un tiburón
la casa es el cañón de la pistola
y nadie se iría de casa
salvo que la casa te persiga hasta la costa
salvo que la casa te diga
que muevas más deprisa las piernas

deja la ropa atrás
arrástrate por el desierto
vadea los océanos
ahógate
sálvate
sé hambre
mendiga
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante

nadie se va de casa hasta que la casa es una voz sudorosa en el oído
que dice:
vete,
huye de mí ahora
no sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que aquí.

Warsan Shire

(no conocía a Warsan Shire pero
he encontrado este poema como un puñetazo en el blog Boquitas pintadas
con una traducción de la propia Noemí Pastor que
generosamente me ha permitido usarla. 
pero no sé por qué motivo
parece que a su versión le falta una estrofa.
la que publico es la de Berna Wang.)

lunes, 21 de marzo de 2016

21 de marzo y llego tarde

tengo que agradecer mucho a Netalga no solo que me recordara
que hoy tocaba Elenita si no que, cuando se lo he pedido, se haya
levantado de la cama y haya bajado hasta el quiosco a por el
ejemplar (era un poco tarde para estar en la cama pero ella sabrá ;-)

aquí vuelve Elenita.



sábado, 5 de marzo de 2016

haiku

Se posa el sol
en la taza de té.
Bebo la luz.

La enredadera, Susana Benet.