lunes, 8 de febrero de 2016

Carta

Me has dicho si me escribes
No lo hagas todo a máquina
Añade una línea con tu mano
Una palabra una nada oh no gran cosa
Sí sí sí sí sí sí sí 

Mi Remington es bella sin embargo
Me gusta mucho y trabaja bien
Mi escritura es limpia y clara
Se ve muy bien que fui yo quien la escribió
Hay espacios que sólo yo sé hacer
Fíjate en el aspecto que tiene mi página
Sin embargo para darte el gusto agrego con tinta
Dos o tres palabras
Y una gran mancha de tinta
Para que no puedas leerlas.

Blaise Cendrars.

viernes, 5 de febrero de 2016

Recolección

Somos los recolectores,
los que recogen palos y piedras
y viejos nidos de avispas
caídos de la puerta del granero,
nueces con agujeros que parecen los ojos de los búhos,
trozos rotos de conchas,
preciosos en su rotura,
somos los que traen a casa
los huevos vacíos de las aves
y los colocamos en un pequeño estante de vidrio
¿para qué? ¿por cuánto tiempo?
No tiene importancia. Lo que importa
es la recolección,
los bolsillos llenos de restos
de días que se evaporaron, las huellas
de cierta memoria, un olor persistente,
una sonrisa que se incluye con la cáscara.

Nina Bagley

(encontré el otro día este texto y me gustó a pesar de la horrible traducción
automática, la atrevida versión es mía.)

jueves, 28 de enero de 2016

sueños chinos

sueño que he desertado a China.
una funcionaria me interroga para hacer mi dossier.
me hace muchas preguntas entre ellas de qué me hablaba mi madre
mientras me daba de mamar.
me pregunta mi nombre, Ai, le digo aunque no entiendo por qué tengo dos nombres.
no sabe escribir el ideograma y se lo deletreo en inglés, tampoco lo entiende.
al final lo escribo yo.
todo lo que le digo lo escribe a mano y lo mete en cajas a las que les pega
cuentas de colores y une con hilo una detrás de otra.
me sorprende que lo haga así, aquí lo escribirían en un ordenador,
me digo.

viernes, 15 de enero de 2016

el curiosísimo verbo "venir"


"El verbo latino venire (venio, -is) equivale al español 'venir', pero los autores clásicos le habían dado una amplia gama de significados, tales como 'avanzar, atacar, nacer (el sol o un astro)', 'resultar (en el sentido de ser producto de una operación aritmética)'. Virgilio decía aquila veniente para significar 'cuando el águila cae (sobre las palomas)', y Cicerón usaba venire contra alienum con el sentido de 'entablar un juicio a un extranjero'. El supino de venio es ventum, de donde procede ventus, -i, que dio en español 'viento'. Y también ventura y aventura.

El sentido de 'llegar' lo obtenían los latinos con el prefijo ad-, formando el verbo advenire (advenio, - is), a partir de cuya forma supina adventum, se derivaron palabras castellanas como adviento y advenimiento.

Con el prefijo prae-, se formó praevenire, para denotar 'preparar, avisar, advertir', o sea, 'prevenir'; y con el prefijo con-, el verbo convenire, con el sentido de 'ir juntos a un lugar, ir todos al mismo lugar', de donde se derivaron las palabras castellanas convenio, conveniente, convención y convento.

Si, en cambio, se anteponía el prefijo in-, se formaba el verbo invenire 'encontrar', 'descubrir', 'inventar', 'obtener'. El supino de invenire era inventum, que dio lugar al sustantivo masculino inventus, empleado por Plinio con el sentido de 'invención o hallazgo', que derivó en nuestro invento. Pero la denotación de 'hallazgo' dio lugar también al latín medieval inventorium 'lo que se encuentra', 'lo que está allí', de donde proviene nuestro inventario.

En el castellano medieval se formó avenir, con el sentido de 'ponerse de acuerdo, avenirse, 'como ocurre con las parejas que se llevan bien o con los socios."

http://www.elcastellano.org/

viernes, 8 de enero de 2016

de bosques, panes y listas

hoy he paseado por el monte en un rato de tregua de la lluvia.
avanzaba entre los robles por las sendas que abren los
animales, olía a humedad y a musgo y a hojas descompuestas.
y soplaba el viento y había nubes de todos los tonos de gris.

ahora acabo de preparar unos panes planos y dejo que fermenten
mientras leo.
iba a decir un libro curioso y efectivamente lo es,
se llama así, Curiosidad, Por qué todo nos interesa.

en él encuentro una lista de Robert Boyle, científico del siglo XVII,
de cosas que debía recordar (e imagino que investigar):

El uso de un carruaje
los ojos de los cachorros de perro recién nacidos
las plumas, picos y uñas de las aves que aún no han roto el 
cascarón
la pólvora, entera y molida
insectos y otras criaturas que parecen exánimes en invierno
la serpiente de Moisés y el agua transmutada
que la belleza no hace a las partes, si no que resulta de ellas, así
como la salud, la armonía, la simetría
que las formas internas acaso no sean sino disposiciones
duraderas forjadas por
                                         los objetos externos
el barómetro sellado y las consecuencias de semejante aparato
monstruos, y los antojos y temores de las mujeres encintas
la reparación torpe de muelles a martillazos, etc.
pinchar una burbuja en el  cristal de un barómetro.

cuanto menos desconcertante.

lunes, 14 de diciembre de 2015

13 de diciembre y confusa explicación

a partir de ayer, 13 de diciembre, las tardes empiezan a crecer
y eso es la cosa que más me gusta de este mes, sí.

aunque, ciertamente, no puedo decir que sea algo que me haya
gustado siempre porque hasta el año pasado yo pensaba que el solsticio
era lo que determinaba el cambio en la duración de los días
(entendiendo por días la duración de las horas de luz)
y este año el solsticio será el día 22.

pues buscando explicación a eso y aunque siga sin entenderlo
encontré un refrán que algo explica:
"Por Santa Lucía, crecen las tardes y decrecen los días"
y esto es porque las tardes se alargan pero hasta el once de enero
amanece cada día un poco más tarde.

sí, es confuso y yo no sé explicarlo pero me quedo conque a partir
de ayer las tardes son un poco más largas.

la primavera está a la vuelta de la esquina (o del invierno).

jueves, 3 de diciembre de 2015

Desde los pies del árbol gigante donde se encontraban, hasta donde
llegaba la vista, todo eran campos frescos y caminos nuevos y viejas
carreteras de losas como las que construían los romanos, colinas y
bosques al lado de algún río con un puente de piedra, olivares repletos
de aceitunas pequeñas y doradas, ya maduras, campos de girasoles,
cerezos y melocotoneros, manzanos. Todo fuera de estación y añadiendo
sus colores innumerables a un paisaje que no se terminaba nunca.
Algunas casas solitarias, un pueblecillo, una ciudad tras unos bosques
más oscuros, ya lejos, pequeños ponis salvajes y grandes caballos percherones
que tiraban de carros repletos de heno fresco. Y cualquier otra especie
de animales. Uno de los campos era labrado por una mujer que hacía
tirar del arado a un gran elefante indio completamente pintado con
ornamentos amarillos y verdes.

Los  libros de A, Josep Lluís Badal.