Mayo es el mes en el que canta la oropéndola,
canta todas las mañanas escondida en un chopo
y su canto es monótono, una melodía simple que se repite
siempre en el mismo tono, tan musical
por su timbre muy puro, como de flauta antigua,
(y también un poco triste).
Si acaso deja entrever su plumaje negroamarillo,
es sólo el tiempo que le lleva desplazarse a otro chopo
-un trazo fugaz de ondulaciones veloces-
y desde allí sigue cantando.
No volverá a cantar en todo el año:
se marchará en silencio hacia otras tierras.
Yo miro largamente los chopos donde estuvo,
donde estará otra vez cuando vuelva un nuevo mayo.
Manuel Garrido, Tu voz en mi jardín.
(y sí, acabo de verla entre los chopos, ayer solo la oí, qué alegría!)
capítulos de una vida flotante
miércoles, 15 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
Te decía...
Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.
Gonzalo Rojas.
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.
Gonzalo Rojas.
domingo, 21 de abril de 2013
viernes, 19 de abril de 2013
memento
la lectura enfebrecida del Austerlitz de Sebald
una calle de Córdoba
el cielo azul de una desolada mañana de marzo
cientos de luciérnagas en un bosque en Friburgo
un desayuno interminable en un camping francés
un mirlo cantando después de la lluvia
una cerveza en una terraza en Salzburgo
la bruma en una playa de Aquitania
una calle de Córdoba
el cielo azul de una desolada mañana de marzo
cientos de luciérnagas en un bosque en Friburgo
un desayuno interminable en un camping francés
un mirlo cantando después de la lluvia
una cerveza en una terraza en Salzburgo
la bruma en una playa de Aquitania
domingo, 14 de abril de 2013
La flor en el corazón
Cuando abro la cartera
para enseñar el carné
para pagar algo
o para consultar el horario de trenes
te miro.
El polen de la flor
es más viejo que las montañas
Aravis es joven
para ser una montaña.
Los óvulos de la flor
seguirán desgranándose
cuando Aravis, ya vieja,
no sea más que una colina.
La flor en el corazón
de la cartera, la fuerza
de lo que vive en nosotros
sobrevive a la montaña.
Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos.
John Berger
para enseñar el carné
para pagar algo
o para consultar el horario de trenes
te miro.
El polen de la flor
es más viejo que las montañas
Aravis es joven
para ser una montaña.
Los óvulos de la flor
seguirán desgranándose
cuando Aravis, ya vieja,
no sea más que una colina.
La flor en el corazón
de la cartera, la fuerza
de lo que vive en nosotros
sobrevive a la montaña.
Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos.
John Berger
viernes, 12 de abril de 2013
jueves, 11 de abril de 2013
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