martes, 6 de agosto de 2013

Rama desnuda

¿Qué es este engaño, di, rama desnuda?
Yo mismo te corté este invierno. Sola,
despojada de cielo, te quedaste
en la tierra, caída como el cuerpo
exangüe de un extraño. Allí seguiste
bajo los fríos soles y las ciegas
estrellas, en inerme y retraído
abandono, a merced de los temperos
más aciagos y extremos. No eras más
que un trozo de madera cada vez
menos visible en la materia activa
de la naturaleza. Para el ciclo,
para cerrarlo al fin, sólo esperabas
acabar algún día como fuego
en nuestra chimenea y ser ceniza
y ennoblecido símbolo del tiempo.
Pero algo ha pasado: has florecido.
Desoyendo la lógica del mundo
y de tu propia historia, te has llenado
de brotes y de flores, desdichada.
No serán fruto ni serán promesa,
pero sueñan tal vez con nueva vida
esperando quizá que a ese reclamo
acuda el ruiseñor y en ti construya
su nido como antaño, reviviendo
tus viejas primaveras y las noches
de venturosa y perfumada brisa,
mi pobre rama, soñadora y muerta.
¿Qué burla es ésta, di, rama podada?
Y tú, mi viejo corazón, ¿no aprendes?

Andrés Trapiello, 20 años de poesía Nuevos Textos sagrados (1989-2009)

1 comentario:

lente dijo...

Precioso.