domingo, 3 de mayo de 2009

pequeños placeres

los regalos inesperados.
las visitas.
compartir una botella de vino.
algunos correos.
la música nueva.
cavar un microhuerto.
cortar la hierba del patio.
los paseos con Lola, la cachorra de mastín que nos acompaña a mi perra y a mí y que se queda en su prado a la vuelta.


intentar disfrutar, a pesar de todo.

pequeñas casualidades

I. me cuenta que está volviendo a leer Rayuela.
de las maravillosas genialidades de Cortázar.
le hablo de uno de los capítulos que más me gustan.

hoy abro el libro al azar y el capítulo aparece sin buscarlo:

Vagando por el Quai de Célestins piso unas hojas secas y cuando levanto una y la miro bien la veo llena de polvo de oro viejo, con por debajo unas tierras profundas como el perfume musgoso que se me pega en la mando. Por todo eso traigo las hojas a mi pieza y las sujeto en la pantalla de una lámpara. Viene Ossip, se queda dos horas y ni siquiera mira la lámpara. Al otro día aparece Etienne, y todavía con la boina en la mano, Dis donc, c'est épatant, ça!, y levanta la lámpara, estudias las hojas, se entusiasma, Durero, las nervaduras, etcétera.


Una misma situación, dos versiones... me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, en tanta cosas que habrá en el aire y que no ven estos ojos, pobres murciélagos de novelas y cines y flores disecadas. Por todos lados habrá lámparas, habrá hojas que no veré.

pequeñas desolaciones

los bosques y los árboles del sur de Francia están arrasados por el huracán de enero,
miles de árboles rotos y arrancados. (C., tan cinéfila, dice que parece una película de Kurosawa después de la batalla.)

de noche, en el peaje de la autopista, una mujer muy joven llora junto a la cabina del cobrador.
no puedo llevarla, voy en otra dirección.

me entero de la muerte de Idea Vilariño, la poeta uruguaya.

después de casi un mes de viaje, al volver, me siento desubicada.



el echar de menos como estado de ánimo.

martes, 21 de abril de 2009

La Oveja




La llamábamos La Oveja por que tenía aspecto de tal.
Ya estaba en la casa, cuando nos fuimos a vivir a ella, junto con tres o cuatro perros más.
Había sido perra de pastor pero, según nos contaron, se quedó en la granja por amor a Canelo, un perro imponente mezcla de collie. Ciertamente siempre iban juntos a todos lados.

La Ove tenía los dientes desgastados.
En esa zona guían los rebaños lanzando piedras que los perros buscan.
Le encantaban las piedras y las encontraba siempre aunque se las tiraras al agua. Hicimos la prueba innumerables veces. Buscábamos piedras fácilmente reconocibles, las lanzábamos al agua y La oveja sumergía la cabeza y las sacaba. Cómo lo hacía sigue siendo un misterio para mí.

Era una perra dulce, agradecida y cariñosa. B. siempre decía que era una perra incondicional. Tenía razón.

Cuando nos fuimos de allí nos la llevamos con nosotras, ya era nuestra perra.

Hoy la he recordado mientras paseaba por una senda que ella descubrió.

Los ojos se me han puesto un poco húmedos.

viernes, 17 de abril de 2009

de frases certeras que encuentras en una canción

como los perros,
intentando vivir, viviendo.

Pedro Guerra, Niños.

sábado, 4 de abril de 2009

viernes, 3 de abril de 2009