jueves, 10 de julio de 2008

Paulme Bordeaux




Vende sus pequeños cuadros los fines de semana en St Sulpice.

Vive en Rouen y viaja en tren hasta París.
Duerme en casa de su prima.
Parece feliz (o me engaño).

Sus cuadros representan gallinas, pollitos, petirrojos, carboneros, niños en la playa.
Cuestan entre cinco y quince euros.

La veo y me enternece.

Compro un pequeño petirrojo.

Pero yo, últimamente, no soy imparcial.
Demasiada sensibilidad exacerbada.


Me doy miedo.

3 comentarios:

Nepomuk dijo...

La felicidad al final empieza cuando no te preguntas nunca si eres feliz. Te lo digo yo...

Unknown dijo...

A mi me dolería no tener sensibilidad... O no, porque supongo que entonces nada nos afectaría, ni lo bueno, ni lo malo, ni el amor, ni el dolor...

mgab. dijo...

j'aime cette femme, son illusion d'artiste-peintre et son tailleur bleu ciel un peu démodé...